Después de aquellos acontecimientos, Caspe quedó más tranquilo, a pesar de que sufrió mucho en la toma de la ciudad. Por cierto, el capitán de la Guardia Civil, Negrete, implantó un terror mucho peor que el de la Brigada de la Muerte. Las fuerzas de la República entraron por la calle del Coso, la del Cuartel y la de la estación, y el grueso de las fuerzas de Negrete las tenía en la calle del Coso. Y después de un fuerte tiroteo, saltó el capitán la barrera, llevándose a la viuda de la Torre por delante, para protegerse del enemigo, con la pistola en la mano tirando tiros. Pero, en décimas de segundo, le hicieron señas (a la viuda) que se agachase, y un militante de la FAI, que era muy pequeño, le pegó un tiro con fusil y le levantó la tapa de los sesos. Entonces ya se rindieron enseguida, y la mayor parte de Aragón hasta el frente de Belchite, que nos costó mucho esfuerzo conquistar toda la ancha franja. Allí en Caspe, al desparecer la Brigada de la Muerte, continuaba todo como normalmente, sólo que había una cantidad de milicianos que esperábamos la armas, que era desesperante. Todos queríamos ir al frente, que aquello se consideraba retaguardia.
Fue para primeros de Agosto que vino un grupo de personal venido de las retiradas del Norte, y los agregamos a nuestra centuria, que se titulaba "Aguiluchos Feroces", aunque de feroces no teníamos nada.
19.12.07
18.12.07
21
El Teatro Goya estaba hasta los topes. Y, sin más, a la que nos dimos cuenta, estábamos rodeados de ametralladoras, fusiles ametralladores y naranjeros, en plan de hacer fuego por todas las salidas. Pero, a pesar de estar lleno, la gente iba y venía y, al entrar, quedaban sorprendidos. Y fue entonces cuando, acto seguido, la mayoría de delegados nos personamos con Antonio Ortiz, que era el jefe de la Columna; y cuando le expusimos los hechos, se quedó que no lo quería creer. Fue entonces cuando empezó a decir que lo habían engañado, que habían dado una mala imagen y una difamación que atravesaba las fronteras.
Lo del Teatro Goya no acabó en masacre porque había varios hombres que estaban bregados en los sindicatos de Barcelona, y actuaron con tanta cautela, que los rodearon, y tuvieron que entregar las armas. Ya desde entonces, se deshizo. Yo no sé lo valientes que eran; sólo sé que eran unos hombres que, el que menos, medía 1,80 metros, con sombrero negro y el traje también, y la calavera al sombrero y las siglas de la FAI debajo. Por cierto, que en el grupo que estaba yo, nos agregaron a los dos, y no los aceptamos de ninguna manera.
Lo del Teatro Goya no acabó en masacre porque había varios hombres que estaban bregados en los sindicatos de Barcelona, y actuaron con tanta cautela, que los rodearon, y tuvieron que entregar las armas. Ya desde entonces, se deshizo. Yo no sé lo valientes que eran; sólo sé que eran unos hombres que, el que menos, medía 1,80 metros, con sombrero negro y el traje también, y la calavera al sombrero y las siglas de la FAI debajo. Por cierto, que en el grupo que estaba yo, nos agregaron a los dos, y no los aceptamos de ninguna manera.
17.12.07
20
Yo no hacía más que apoyar las versiones de Manolo, que nunca podía ponerme a su altura en ningún concepto. Incluso una vez terminada la entrevista convenimos que nunca haríamos mención de tal asunto. Pero me enteré que en el pueblo había algunos que lo sabían, pero mal informados. Si aquella lista hubiera llegado a las manos de aquellos desalmados, las consecuencias habrían sido fatales para el pueblo.
La disolución de la Brigada de la Muerte vino a consecuencia de un caso muy curioso, en Caspe. Resulta que en el Teatro Goya organizaron un mitin para las 8 de la tarde -no recuerdo el nombre del orador, pero siempre he recordado el tema-. Se titulaba "La Araña Negra", y versaba sobre las cualidades del cura en el confesionario; un macho poco trabajado, bien comido, muy preparado inteligentemente, recibía a la hembra en la oscuridad, recibiendo el aliento bien perfumado, tocándole la boca, con las manos cogidas y suaves de los masajes, las ropas suaves y limpias, frases preparadas de antemano, y las mujeres ingenuas, y algunas veces intencionadas, no podían resistir la tentación; y viene que confunden la fe con el sexo, y caen en la trampa de la que no pueden deshacerse.
La disolución de la Brigada de la Muerte vino a consecuencia de un caso muy curioso, en Caspe. Resulta que en el Teatro Goya organizaron un mitin para las 8 de la tarde -no recuerdo el nombre del orador, pero siempre he recordado el tema-. Se titulaba "La Araña Negra", y versaba sobre las cualidades del cura en el confesionario; un macho poco trabajado, bien comido, muy preparado inteligentemente, recibía a la hembra en la oscuridad, recibiendo el aliento bien perfumado, tocándole la boca, con las manos cogidas y suaves de los masajes, las ropas suaves y limpias, frases preparadas de antemano, y las mujeres ingenuas, y algunas veces intencionadas, no podían resistir la tentación; y viene que confunden la fe con el sexo, y caen en la trampa de la que no pueden deshacerse.
16.12.07
19
La inmensa mayoría de los milicianos los mirábamos con desprecio y con recelo, porque veíamos que era gente depravada del Barrio Chino de Barcelona, eran invertidos, maleantes, atracadores y chorizos de primera mena, que se habían aprovechado de la revuelta, y se pasaron de la raya. Iban armados hasta los dientes, con naranjeros, pistolas del nueve largo, cuchillo al cinto y bombas de mano. Se tildaban "el terror de la FAI", pero lo que eran era bandoleros y terroristas.
Hasta que el jefe de la columna, Antonio Ortiz, se dio cuenta que el prestigio que había adquirido como idealista, estos se lo tiraban por los suelos. Los pueblos de alrededor estaban aterrorizados, y en Mequinenza tuvimos suerte, porque un individuo del pueblo presentó una lista con treinta nombres del pueblo como fascistas. Pero los jefes de la Columna Ortiz nos llamaron a los dos delegados, que eramos Manuel Rodes (el Pando) y yo, como delegado del grupo "Luz y Vida" y el del Pando era el grupo "Mequinenza". Y nos responsabilizamos nosotros diciendo que en el pueblo no había fascistas. Gracias a Manolo el Pando, que era una persona de lo más sensata del pueblo y supo desenvolverse muy bien.
Hasta que el jefe de la columna, Antonio Ortiz, se dio cuenta que el prestigio que había adquirido como idealista, estos se lo tiraban por los suelos. Los pueblos de alrededor estaban aterrorizados, y en Mequinenza tuvimos suerte, porque un individuo del pueblo presentó una lista con treinta nombres del pueblo como fascistas. Pero los jefes de la Columna Ortiz nos llamaron a los dos delegados, que eramos Manuel Rodes (el Pando) y yo, como delegado del grupo "Luz y Vida" y el del Pando era el grupo "Mequinenza". Y nos responsabilizamos nosotros diciendo que en el pueblo no había fascistas. Gracias a Manolo el Pando, que era una persona de lo más sensata del pueblo y supo desenvolverse muy bien.
15.12.07
18
Llegamos a Caspe, y francamente, me costó asimilar lo que era una Revolución en todo el sentido de la palabra.
Cuando fui a alistarme, la primera cosa que hicieron fue hacerme delegado del grupo; no sé si fue porque encabezaba una nueva lista, o porque era recién hecha la mili. El caso es que me dieron una leva de 25 hombres que yo no conocía a ninguno. Yo, que estaba acostumbrado a la disciplina del Cuartel y veía todo aquello, me descomponía. Como no había control de nada, se hacían abusos de todas las especies. Cada día iban a pedir ropa. Los más tragones comían el primer turno en un comedor, e iban corriendo al segundo turno de otro comedor para repetir, a pesar de que nos daban la suficiente comida. Pero eso no era lo peor.
Resulta que había formado un grupo llamado "La Brigada de la Muerte", que de Brigada tendrían mucho, pero de muerte... Era la que aplicaban yendo por los pueblos recogiendo los chivatazos que les daban otros desalmados, que sin ideal y con malos sentimientos, les entregaban listas, que en su pueblo había tantos fascistas. Y ellos se lanzaban como aves de rapiña y, con unos modos depravados que eran, se lanzaban provocando el terror y la muerte sin miramientos, que, en muchos casos, fueron víctimas de odios personales.
Cuando fui a alistarme, la primera cosa que hicieron fue hacerme delegado del grupo; no sé si fue porque encabezaba una nueva lista, o porque era recién hecha la mili. El caso es que me dieron una leva de 25 hombres que yo no conocía a ninguno. Yo, que estaba acostumbrado a la disciplina del Cuartel y veía todo aquello, me descomponía. Como no había control de nada, se hacían abusos de todas las especies. Cada día iban a pedir ropa. Los más tragones comían el primer turno en un comedor, e iban corriendo al segundo turno de otro comedor para repetir, a pesar de que nos daban la suficiente comida. Pero eso no era lo peor.
Resulta que había formado un grupo llamado "La Brigada de la Muerte", que de Brigada tendrían mucho, pero de muerte... Era la que aplicaban yendo por los pueblos recogiendo los chivatazos que les daban otros desalmados, que sin ideal y con malos sentimientos, les entregaban listas, que en su pueblo había tantos fascistas. Y ellos se lanzaban como aves de rapiña y, con unos modos depravados que eran, se lanzaban provocando el terror y la muerte sin miramientos, que, en muchos casos, fueron víctimas de odios personales.
17
Al día siguiente hubo noticias de que había muerto el Capitán Negrete, y Caspe se había rendido a las fuerzas de la Columna Ortiz, que después quedó como la 25 División.
Ya en el pueblo, a los que estábamos incluidos en las quintas nos hacían hacer guardia al pueblo; yo estaba preocupado porque teníamos la "garba" a medio trillar, y mis padres no podían ir, porque mi hermano estaba accidentado, pues le pilló el carro, que volcó y le hizo bastante mal. Ya algo mejorado, decidieron ir a trillar, y fue a ayudarles Andrés (Andrés de Curalotodo), que era muy amigo de mi hermano Joaquín.
Con tantos acontecimientos e ideas confusas, y el arradio no hacía más que llamar las quintas, nos reunimos los afectados (los quintos), y decidimos por unanimidad marchar al frente. Con que fuimos al Comité, y nos recibieron con mil amenazas y que moriríamos; con que con una ventena que éramos, me quedé sólo yo, y el hijo del Caminero, que era sastre y cojo. Con que al día siguiente partimos con un camión pequeño que tenían los Algueró, que hacía de Correo a la Estación de Fabara y a Caspe.
Ya en el pueblo, a los que estábamos incluidos en las quintas nos hacían hacer guardia al pueblo; yo estaba preocupado porque teníamos la "garba" a medio trillar, y mis padres no podían ir, porque mi hermano estaba accidentado, pues le pilló el carro, que volcó y le hizo bastante mal. Ya algo mejorado, decidieron ir a trillar, y fue a ayudarles Andrés (Andrés de Curalotodo), que era muy amigo de mi hermano Joaquín.
Con tantos acontecimientos e ideas confusas, y el arradio no hacía más que llamar las quintas, nos reunimos los afectados (los quintos), y decidimos por unanimidad marchar al frente. Con que fuimos al Comité, y nos recibieron con mil amenazas y que moriríamos; con que con una ventena que éramos, me quedé sólo yo, y el hijo del Caminero, que era sastre y cojo. Con que al día siguiente partimos con un camión pequeño que tenían los Algueró, que hacía de Correo a la Estación de Fabara y a Caspe.
13.12.07
16
Aquel mismo día fuimos a incorporarnos a la Columna Durruti, que se había acampado en Bujaraloz. Pero nos hizo volver para el pueblo. Fuimos con un camión de Algueró conducido por el Dotriné, que a duras penas hicimos el viaje con mucha suerte. En Fraga, nos hicieron ir a la cárcel y requisar todos los colchones para blindar los camiones de las fuerzas que subían para la Columna Durruti.
Al día siguiente, hicimos otra salida; contadas las armas que poseímos, con escopetas de todos los calibres y los pocos fusiles de los Guardias Civiles y el fusil ametrallador, fuimos a liberar Fabara, que aún estaban con los fascistas. Íbamos dos camiones cargados de personal, y nos dirigía el que era Guardia y Comandante del pueblo, que se adhirió a las fuerzas de la República. Antes de llegar, desplegamos todos en una gran explanada. Y tan pronto vieron nuestras cabezas, toda Fabara, con banderas blancas y las manos en alto, se rindieron. Por cierto, que nos hicieron un recibimiento muy afectuoso, invitándonos a comer y beber más de lo que quisimos.
Al día siguiente, hicimos otra salida; contadas las armas que poseímos, con escopetas de todos los calibres y los pocos fusiles de los Guardias Civiles y el fusil ametrallador, fuimos a liberar Fabara, que aún estaban con los fascistas. Íbamos dos camiones cargados de personal, y nos dirigía el que era Guardia y Comandante del pueblo, que se adhirió a las fuerzas de la República. Antes de llegar, desplegamos todos en una gran explanada. Y tan pronto vieron nuestras cabezas, toda Fabara, con banderas blancas y las manos en alto, se rindieron. Por cierto, que nos hicieron un recibimiento muy afectuoso, invitándonos a comer y beber más de lo que quisimos.
12.12.07
15.- El golpe
Mientras, las cosas parecía que marchaban bastante bien, y me dediqué con las tierras, e íbamos bastante bien. Pero vino el "nefasto 19 de Julio". Con que yo, recién cumplido de la mili. El Estado no hacía más que lanzar proclamas que nos incorporáramos al Ejército. Formaron el Comité Revolucionario, y a nosotros nos pusieron a sus órdenes; por cierto, que no me simpatizaba nada; y se pasaba unos días de incertidumbre, más por la presión del Comité sobre los que consideraban fascistas . Y fue entonces cuando mataron a Fostigueras y mosen Juan, un mosen que ya no se tenía derecho. Mequinenza fue el único pueblo que quedó con las fuerzas de la República.
En los primeros días hubo noticias del Capitán Negrete, que en Caspe hizo las mil barbaridades, matando a mansalva, entre ellos tres conocidos míos: Agustín Aguilar, comerciante de ultramarinos, que era donde compraba, y se llevaba muy bien conmigo; el sr. Barrechina, otro comerciante; y el dueño del Hotel La Torre, todos ellos sin antecedentes políticos de ninguna clase. Fue entonces que, estando encarnizado como estaba, se dispuso a bajar a por los mineros de Mequinenza; entonces, el pueblo entero, con escopetas y los fusiles de la Guardia Civil y un fusil ametrallador que tenían los Civiles; también se dinamitaron los puentes hasta la Porchina, y cubríamos toda la cuesta de la Pedra Bonica. En vanguardia, el fusil ametrallador. Estuvimos esperando toda la noche, pero, al llegar a Fabara, le dijeron que le esperábamos, y se volvió. Así me lo explicó el chófer que llevaba, que estuvo conmigo, Florentín Marco Albiac (el Baldrufero).
En los primeros días hubo noticias del Capitán Negrete, que en Caspe hizo las mil barbaridades, matando a mansalva, entre ellos tres conocidos míos: Agustín Aguilar, comerciante de ultramarinos, que era donde compraba, y se llevaba muy bien conmigo; el sr. Barrechina, otro comerciante; y el dueño del Hotel La Torre, todos ellos sin antecedentes políticos de ninguna clase. Fue entonces que, estando encarnizado como estaba, se dispuso a bajar a por los mineros de Mequinenza; entonces, el pueblo entero, con escopetas y los fusiles de la Guardia Civil y un fusil ametrallador que tenían los Civiles; también se dinamitaron los puentes hasta la Porchina, y cubríamos toda la cuesta de la Pedra Bonica. En vanguardia, el fusil ametrallador. Estuvimos esperando toda la noche, pero, al llegar a Fabara, le dijeron que le esperábamos, y se volvió. Así me lo explicó el chófer que llevaba, que estuvo conmigo, Florentín Marco Albiac (el Baldrufero).
11.12.07
14
Hasta que un día, y con las narices hinchadas, le dije: "¡Ya no aguanto más, y me voy a la Compañía!". Entonces, me llamó aparte, y me explicó que el Capitán me quería en la compañía para hacerme Cabo tirador de 1ª, y fue entonces que me dijo: "Pero ahora soy yo el que no quiero que te marches".
Y me nombró Ranchero Mayor, porque era el que más valía y se podía fiar. Así que éramos ocho, y hacían un día de guardia a la semana para el café, menos yo, que no me calía madrugar. Después, el mismo Capitán me extendió un pase para todas horas extra. Así puede terminar la mili a primeros del 36; de la que tanto jefes como oficiales y suboficiales me tuvieron con un gran aprecio. Con que llegué al pueblo, por Lérida, y suerte tuve que me encontré con el oncle Toni y su hijo Antonio, y me invitaron a comer. Y bajé con ellos; y llegué con dos pesetas en el bolsillo.
Ya en el pueblo, me consideraba otra persona. Creía que me podía equiparar con cualquiera, y no tenía complejos. Incluso cuando la cuadrilla tenía que organizar alguna comida o fiesta, siempre tenía que ir yo por delante.
Y me nombró Ranchero Mayor, porque era el que más valía y se podía fiar. Así que éramos ocho, y hacían un día de guardia a la semana para el café, menos yo, que no me calía madrugar. Después, el mismo Capitán me extendió un pase para todas horas extra. Así puede terminar la mili a primeros del 36; de la que tanto jefes como oficiales y suboficiales me tuvieron con un gran aprecio. Con que llegué al pueblo, por Lérida, y suerte tuve que me encontré con el oncle Toni y su hijo Antonio, y me invitaron a comer. Y bajé con ellos; y llegué con dos pesetas en el bolsillo.
Ya en el pueblo, me consideraba otra persona. Creía que me podía equiparar con cualquiera, y no tenía complejos. Incluso cuando la cuadrilla tenía que organizar alguna comida o fiesta, siempre tenía que ir yo por delante.
10.12.07
13
Yo aprendí a leer al lado de mi padre, pero nunca fui a la escuela. Quedé asombrado al darme cuenta de la calidad de la gente que se incorporaron a mi reemplazo, con una mentalidad semisalvaje. Les hablabas y no sabían responder. Eran andaluces, extremeños, de Castilla y vascos; estos últimos no conocían más que el vasco, y no había manera de entenderlos. Yo estaba en ametralladoras, y llevaba un mulero que me ponía negro. Decían: "¡Izquierda!", y él para adelante. "¡Media vuelta!", y él para adelante. Tenía que cogerle del cinturón y encararle para donde tenía que ir.
Después de la instrucción, viendo que la situación de mi casa económicamente no era muy buena, me apunté para cocinero. Pero cometí una torpeza, porque en el patio de la instrucción fui tirador de primera, tanto en mosquetón como en ametralladora; y, claro está, en la mili son los más bien mirados. Pero, mientras, ya me habían dado el puesto de cocinero. Entonces, el capitán de la compañía hizo todo lo posible para que me aburriera y volviese a la compañía. Con que todas las torpezas que cometían los demás acababan en broncas para mí por el Cocinero Director, que era un paisano del oficio.
Después de la instrucción, viendo que la situación de mi casa económicamente no era muy buena, me apunté para cocinero. Pero cometí una torpeza, porque en el patio de la instrucción fui tirador de primera, tanto en mosquetón como en ametralladora; y, claro está, en la mili son los más bien mirados. Pero, mientras, ya me habían dado el puesto de cocinero. Entonces, el capitán de la compañía hizo todo lo posible para que me aburriera y volviese a la compañía. Con que todas las torpezas que cometían los demás acababan en broncas para mí por el Cocinero Director, que era un paisano del oficio.
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