Le conté todo lo que me había pasado, y me dijo: "No te preocupes, la base está en Valencia, y tenemos que ir allí. Tu déjame hacer a mí".
De modo que ya se acercaba el día, y tiro. Llega al control y dijo: "¡Hola muchachos!". Y sacó, en vez de la hoja de ruta, un paquete de cigarros medio vacío, y arrancó a toda marcha para Valencia.
Llegamos al Perelló con más hambre que el perro de un saltimbanqui. Allí en la plaza había un portalón, grande y antiguo, con un hombre que abría la portezuela del medio; nos acercamos a él y le dijimos si tenía algo para almorzar. Nos dijo que no tenía nada. Nos exclamábamos, aunque no fuese más que una sopa hervida. Después de mucho rogar, nos hizo subir al primer piso. Una vez arriba, dice: "¿Os comeríais unas costillas asadas?". ¡Oh!", dijimos nosotros. Perdimos la cuenta de las que nos comimos. Así llegamos a la Ciudad Jardín de Valencia, al lado de Burjasot, el pueblo de Blasco Ibáñez. Los compañeros de allí ya nos daban por desaparecidos.
8.1.08
7.1.08
41
Después fuimos a cenar a un hotel de categoría. Y así pasamos unos días por Barcelona, yendo de aquí para allá. Hasta que llegamos a Alcañiz, y allí me detuvieron. Llegamos al control, y nos tiraron el alto. Mi compañero, que era muy tuno, me dice: "Bájate, que voy a aparcar el camión". Y tan buen aparcamiento que marchó, y yo quedé detenido. Eran las dos de la tarde, a pesar de que aún no habíamos almorzado, cuando se presentó Líster, que era el jefe de la 27 División y era comunista, empezó a hacerme preguntas y a amenazarme de mala manera. Yo, haciéndome el plan del bonifacio y que no sabía nada. Me pidió la documentación, y le di los dos carnets que tenía de conducir, uno del Ministerio de Guerra y el otro de lo Civil. Con que me los retuvo los dos, y me dijo que estaría allí hasta que me viniese a buscar mi compañero. Y que no intentase nada, porque había dado orden de que me pegasen un tiro si intentaba algo. Así estuve, en un rincón, sin pestañear, hasta las tres de la madrugada. Entonces volvió Líster. A mí se me vino el mundo encima cuando lo vi, porque estaba indefenso. Pero me dio los dos carnets y me dijo: "¡Antes de dos horas os quiero aquí!". Y me dejó marchar. Yo me fui directo al convento, que era donde tenía la base, y allí no había nadie. Todos habían marchado. Así que, dando vueltas por si veía algo, oigo "¡chit!", y me di cuenta que era mi compañero.
40
La estancia en Barcelona tuvo sus pros y sus contras. Resulta que el chófer que iba conmigo era de Caldes de Montbui, y yo me quedé con los otros chóferes del grupo. Dieron la orden de partida y, claro, al no presentarse él, yo decidí agregarme al grupo de regreso. Pero al llegar al plano de El Vendrell -al chófer le llamaban Banau, y con él andaba mi primo Joaquín- empezó a hacer el tonto el camión, y resulta que se le fundió una biela. Tratamos de ponernos en comunicación con la base, y fue en vano. No teníamos dineros ninguno de los tres. Entonces, cambiamos un saco de patatas por la comida, y yo me volví a Barcelona con un camión de Correos, en las ruedas, que casi me hubiese valido más andar a pie.
Con que me fui a la base, y luego vino el chófer. Así que preguntó: "¿Dónde podríamos ir a cenar?". "Aquí detrás dan muy bien de comer, le llaman La Favorita". Nos sentamos allá, y dice: "¿Qué quieren para primer plato, uno o medio de garbanzos?". Dijimos uno, y nos sacaron un plato con cuatro garbanzos a medio cocer. Preguntamos si se habían equivocado. Dijeron que no. Con que pagamos el plato y se armó un gran escándalo.
Con que me fui a la base, y luego vino el chófer. Así que preguntó: "¿Dónde podríamos ir a cenar?". "Aquí detrás dan muy bien de comer, le llaman La Favorita". Nos sentamos allá, y dice: "¿Qué quieren para primer plato, uno o medio de garbanzos?". Dijimos uno, y nos sacaron un plato con cuatro garbanzos a medio cocer. Preguntamos si se habían equivocado. Dijeron que no. Con que pagamos el plato y se armó un gran escándalo.
5.1.08
39
Con que después nos llamaron a los cuatro camiones más grandes, para hacer una operación muy delicada. Nos mandaron a Teruel, y allí cargamos pieles y azafrán. Y nombraron delegado del grupo a mi compañero, por ser el más veterano. Los otros tres camiones los descargaron en la Delegación de la 25ª División. Estaba en la calle Roselló, al lado del Paseo de Gracia. Y nosotros lo íbamos distribuyendo entre Sabadell, Terrassa, Hospitalet y otros. Pero nuestra estancia se nos hacía muy difícil. No querían darnos gasolina por ninguna parte, y el Partido Comunista de Líster, que se había enterado de la requisa, dio la orden de capturar el camión. Pero el chófer, que era más vivo que la fam, no paraba. Escondimos el coche, y fuimos observando, hasta que, en la calle Urgel, localizamos un camión muy grande. Se asomó y vio que había un bidón de 200 litros de gasolina. Acto seguido, me dijo que me quedara observando, que iba a buscar el camión. Al rato, se presentó, y le dije que todo seguía igual. Así que enculó el camión, abrimos las dos portellas de detrás, y rodando lo pasamos al nuestro como si nada. Y así pudimos regresar a la base de Alcañiz. Pero allí no había nada más que el susto que nos esperaba.
4.1.08
38
A los pocos días, emprendieron otra ofensiva en el Sillero, una sierra que decían era el baluarte de Zaragoza. Pero, desgraciadamente, salimos mal parados. Tuvimos muchas bajas, entre ellos muchos del pueblo.
Así pasamos una temporada, yendo de aquí para allá sin ningún acontecimiento digno de atención. Pero ya a finales del 37 y el 38, vinieron las operaciones de Teruel. No fueron como las de Belchite, pero a primeros del 38, desde un pueblo llamado Tortajada, para celebrar el éxito, nos hicieron ir a Alcañiz, que era donde tenía la base el Cuerpo Tren y la 25ª División. A cargar de cervezas y licores, y en todo el trayecto, desde Alcañiz a Teruel y viceversa, había dos palmos de nieve. Con que pusimos una cadena a las ruedas, y así pudimos hacer el viaje. Viajamos a una temperatura de 18º bajo cero. La cincuentena de coches que teníamos allí, a cada 10 minutos los teníamos que poner en marcha. De lo contrario, si no lo hacíamos, ya no podíamos moverlos si no los remolcábamos. Y así las 24 horas del día.
Así pasamos una temporada, yendo de aquí para allá sin ningún acontecimiento digno de atención. Pero ya a finales del 37 y el 38, vinieron las operaciones de Teruel. No fueron como las de Belchite, pero a primeros del 38, desde un pueblo llamado Tortajada, para celebrar el éxito, nos hicieron ir a Alcañiz, que era donde tenía la base el Cuerpo Tren y la 25ª División. A cargar de cervezas y licores, y en todo el trayecto, desde Alcañiz a Teruel y viceversa, había dos palmos de nieve. Con que pusimos una cadena a las ruedas, y así pudimos hacer el viaje. Viajamos a una temperatura de 18º bajo cero. La cincuentena de coches que teníamos allí, a cada 10 minutos los teníamos que poner en marcha. De lo contrario, si no lo hacíamos, ya no podíamos moverlos si no los remolcábamos. Y así las 24 horas del día.
3.1.08
37
Por fin pudimos recuperar Belchite, y parecía que habíamos pasado un mal sueño. Aquello era un montón de ruinas. No había ni tan sólo una casa que no estuviera dañada, porque estaban bajo el fuego raso del monte Lobo y eran blanco fijo. Y después que hicieron una resistencia encarnizada, tuvimos que conquistarla palmo a palmo, haciendo boquetes y con bombas de mano. Hubo una cantidad de bajas enorme, por ambos lados. Hacía un calor sofocante, y las víctimas esparcidas por todo el pueblo en estado de descomposición. Andábamos con pañuelos atados a la cara y en todo. Era irresistible. Una vez normalizada la cosa, hicieron un hoyo muy grande, y a mí me tocó ir con el camión a recogerlos, que fue una faena muy desagradable. La cantidad que había era inmensa. Los enterramos a la parte baja de una ladera del río. Murieron varios de mi pueblo (Mequinenza) . Creo que entre aquellos no había ninguno, porque prestaba atención, por si los reconocía.
En la recuperación de los cadáveres, habían reclutado una pandilla de desaprensivos que hay que ver cómo procedían. Les miraban los bolsillos. Si llevaban algo de algún valor, se lo quedaban; anillos, dinero, incluso algún diente de oro.

Foto: Belchite, al poco de acabar la batalla.
En la recuperación de los cadáveres, habían reclutado una pandilla de desaprensivos que hay que ver cómo procedían. Les miraban los bolsillos. Si llevaban algo de algún valor, se lo quedaban; anillos, dinero, incluso algún diente de oro.
Foto: Belchite, al poco de acabar la batalla.
2.1.08
36
Así estuvimos varios días, hasta que se rindieron. Estuvimos noche y día, sin descansar. Trasladamos prisioneros, gente civil y todo lo que nos mandaban. En esto, se dio un caso muy chocante. Nos mandaron cargar un grupo de mujeres, ancianos y niños. Y el drama que se armó fue espeluznante. El otro chófer, que yo iba de ayudante suyo, se subió al camión. Y yo, desde abajo, ayudaba a subir aquella gente, entre un río de lágrimas y reclamaciones propias de una guerra. Cuando ya estaba casi lleno el camión, me volví y, al lado de la rueda trasera, había una mujer mayor y una nena de unos 8 años, que no querían subir. Al levantarlas para subir al camión, la niña dijo: "¡Abuela, si los rojos son personas normales, no como tú decías!". Yo le contesté: -"¿Qué te pensabas, que llevaban cola los rojos?". Con que se puso allí al rincón, al lado de la portella, y me di cuenta que la miraban con desprecio.
Llegamos a Lécera y estaba el primer control, y resulta que los evadidos -que eran hijos de Belchite- no les dejaron participar en la operación, y los destinaron a los controles. Por lo general, a los coches de la División no nos paraban nunca, y aquel día nos dieron la orden de no parar en ninguna parte. Pero aquel día se pusieron delante, y tuvimos que parar. Subieron al camión, y el drama fue horrible, madres e hijos llorando. Pero cuando vieron a aquella mujer, que la llamaban "la Judía", que decían que era la chivata y mujer del alguacil, y mataron a muchos, que se chivaba por odio; con que se le echaron encima, y, si no fuese porque tuvimos que intervenir, a duras penas los pudimos sacar. Al final, pudimos llegar a Híjar, y cuando llegamos a las afueras, que había unos barracones, subía una cantidad de mujeres en una avalancha que, cuando llegaron al coche, allí ya no fuimos dueños de nada. Y la tía judiera no sé cómo terminaría, pero pintaba muy mal.
Llegamos a Lécera y estaba el primer control, y resulta que los evadidos -que eran hijos de Belchite- no les dejaron participar en la operación, y los destinaron a los controles. Por lo general, a los coches de la División no nos paraban nunca, y aquel día nos dieron la orden de no parar en ninguna parte. Pero aquel día se pusieron delante, y tuvimos que parar. Subieron al camión, y el drama fue horrible, madres e hijos llorando. Pero cuando vieron a aquella mujer, que la llamaban "la Judía", que decían que era la chivata y mujer del alguacil, y mataron a muchos, que se chivaba por odio; con que se le echaron encima, y, si no fuese porque tuvimos que intervenir, a duras penas los pudimos sacar. Al final, pudimos llegar a Híjar, y cuando llegamos a las afueras, que había unos barracones, subía una cantidad de mujeres en una avalancha que, cuando llegaron al coche, allí ya no fuimos dueños de nada. Y la tía judiera no sé cómo terminaría, pero pintaba muy mal.
1.1.08
35
Ya en pleno verano, decidieron, con las pocas armas que teníamos, atacar Belchite. La 118 por la zona de Fuendetodos, que la movía el viento. Era un cabezo muy alto que lo tenían muy guarnecido. La 117 por la ribera de Almonacid de la Cuba y toda la falda del Cabezo del Lobo. Y la 116 arrancaba de la parte baja del cementerio, capándoles por detrás (que era la carretera de Zaragoza). Entre el río y la carretera había un nido de ametralladoras, y por la parte del cementerio otro. Delante mismo y a la ladera del cementerio estaba el Seminario, que es donde más mal nos hicieron a nuestras fuerzas. Los mejores tiradores eran los curas del Seminario.
Nosotros teníamos la misión de servir el agua, la comida y la munición. Teníamos que andar con las perolas de la comida a gachas, porque nos barrían con las ametralladoras. La primera casa que ocupamos fue el molino que había a la entrada. Después, se tuvo que combatir abriendo boquetes casa por casa, y con bombas de mano. Una de las claves de la victoria fue la Batería del Cabezo Lobo, que tiraba a cero, y les era muy difícil de localizarla; aunque se dijo que habían acertado un obús a una de las bocas de la artillería.
Nosotros teníamos la misión de servir el agua, la comida y la munición. Teníamos que andar con las perolas de la comida a gachas, porque nos barrían con las ametralladoras. La primera casa que ocupamos fue el molino que había a la entrada. Después, se tuvo que combatir abriendo boquetes casa por casa, y con bombas de mano. Una de las claves de la victoria fue la Batería del Cabezo Lobo, que tiraba a cero, y les era muy difícil de localizarla; aunque se dijo que habían acertado un obús a una de las bocas de la artillería.
31.12.07
34
Allá entre Abril y Mayo, se concentraron con las brigadas de La 25ª División (que eran tres: 116, 117 y 118) unas fuerzas vestidas de verde. Se dijo que si eran carabineros. Eran algo mayores, y llegaron en un plan como si se lo iban a comer todo. Querían atacar con cuchillo en la boca, bomba de mano, y al asalto. A nosotros nos daba la impresión de que eran chulos del Barrio Chino. Con que, a los pocos días, preparamos toda la flota de camiones de las tres brigadas, y la divisionaria, que es donde estaba yo. Así que dejamos lista la caravana. Resultó que algunos se resistían, que no querían subir al camión porque no era manera de llevar fuerzas. Entonces, el comandante de la 117, que era un tiarrón muy decidido, les dijo: "¡El que no quiera subir al camión, que lo diga!". Callaron todos sin decir ni pío. Así que a los verdes los dejamos en Santa Quiteria, en la sierra de Albarracín. Y las demás fuerzas, al Carrascal y Sabiñánigo. Pero cuando a los de Santa Quiteria les dispararon los primeros petardos, echaron a correr hasta el mar. Ya no supe más de los verdes y los carabineros.
33
Retrocediendo a Noviembre del año anterior, tengo que hacer referencia a un hecho de capital importancia: la muerte de Buenaventura Durruti. Fue algo que nos dejó atónitos a todos los milicianos. Era un hombre, para todos los de la CNT-FAI, como un símbolo. Algo así como Dios para los católicos. Cuando hacías mención de él, era símbolo de respeto, de amor, de bondad, algo así como un apóstol que se hacía querer, hasta los que no profesaban las mismas ideas anarquistas. Yo considero que, a su muerte, ya murió la revolución. Lo sacaron de Aragón porque sabían que, por donde él pasaba, su nombre quedaba grabado en la mente de todos los combatientes. Todos lo consideraban una especie de Ghandi.
Aquel 20 de Noviembre fue funesto para la República. Fue como si todo hubiese estado planeado. Cuando Madrid estaba en franca retirada, tuvo que ir él con sus fuerzas a contener la avalancha fascista, que estaba más dentro de Madrid que en las trincheras. Y él lo sabía, y por eso lo eliminaron, porque conocía donde estaba el mal de Madrid. Mientras, en Aragón defendíamos las trincheras con fusiles antiguos de la guerra del 14 y con bombas de mano. Nuestros jefes no hacían más que pedir armas para contratacar y restar fuerzas a Madrid, pero siempre fueron negadas.
Aquel 20 de Noviembre fue funesto para la República. Fue como si todo hubiese estado planeado. Cuando Madrid estaba en franca retirada, tuvo que ir él con sus fuerzas a contener la avalancha fascista, que estaba más dentro de Madrid que en las trincheras. Y él lo sabía, y por eso lo eliminaron, porque conocía donde estaba el mal de Madrid. Mientras, en Aragón defendíamos las trincheras con fusiles antiguos de la guerra del 14 y con bombas de mano. Nuestros jefes no hacían más que pedir armas para contratacar y restar fuerzas a Madrid, pero siempre fueron negadas.
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